When I was in college, I had amazing professors who always wanted the students to know that they were accessible to us.  They called it their “open door policy”.  In church leadership, I’ve adopted that same policy but I call it an “open heart policy”.  In the past 27 years of leadership, there have been many times I’ve wanted to shut my heart down because people have hurt me, judged me as a leader, or left the church.  As someone once said, “Sheep bite.”  That’s a true statement.

Paul felt this same thing when he wrote to the church of Corinth, Oh, dear Corinthian friends! We have spoken honestly with you, and our hearts are open to you. There is no lack of love on our part, but you have withheld your love from us.  I am asking you to respond as if you were my own children. Open your hearts to us!” (2 Corinthians 6:11-13)

As a leader, the people you invest in will come and go.  But the test for us as leaders is to keep our hearts open.  I cannot control what others are going to do, but I can keep my heart open, alive and filled with love for Jesus and people.  And who knows what God can do in those relationships that seem to have ended?  When we keep our hearts open, God can keep working!

____________________________________________________________________________________________open heart

Cuando estaba en la universidad, tenía profesores asombrosos que siempre quisieron que los estudiantes supieran que eran accesibles para nosotros.  La llamaran su “póliza de puerta abierta”.  En el liderazgo de la iglesia, he adoptado esa misma póliza, pero la llamo la “póliza de corazón abierto”.  En los últimos 27 años de liderazgo, he habido muchas veces que he querido cerrar mi corazón porque la gente me ha herido, me ha juzgado como un líder, o ha dejado la iglesia.  Como alguien dijo una vez, “Las ovejas muerden.”

Pablo sentía lo mismo cuando escribió a la iglesia de Corinto: “Hermanos corintios, les hemos hablado con toda franqueza; les hemos abierto de par en par nuestro corazón.  Nunca les hemos negado nuestro afecto, pero ustedes sí nos niegan el suyo.  Para corresponder del mismo modo, les hablo como si fueran mis hijos, ¡abran también su corazón de par en par!” (2 Corintios 6:11-13)

Como un líder, la gente en la que le inviertes vendrá y desaparecerá. Pero la prueba para nosotros como líderes es mantener nuestros corazones abiertos. No puedo controlar lo que otros van a hacer, pero puedo mantener mi corazón abierto, vivo y lleno con el amor por Jésus y la gente.  ¿Y quien sabe lo que Dios puede hacer en aquellas relaciones que parecen haber terminado?  ¡Cuando mantenemos nuestros corazones abiertos, Dios puede seguir trabajando!

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